Kansas City es tierra de tornados; a eso lo aprendimos desde que el primer momento en el que pusimos un pie en esta ciudad.
Las alertas aparecen en los celulares, las sirenas se activan de vez en cuando y el cielo gris suele ser una señal para mirar de reojo las aplicaciones del clima.
De hecho, para este martes por la tarde había una nueva alerta meteorológica. Sin embargo el verdadero tornado se adelantó, y no llegó desde el cielo.
Llegó desde la cancha, 20 años después de su debut en un Mundial, Lionel Messi armó un vendaval con tres goles, récords y una actuación que recorrió Argentina, Estados Unidos y buena parte del planeta. Las imágenes de sus lágrimas, las declaraciones posteriores y las portadas de los medios terminaron por convertir la noche del debut contra Argelia en una de esas que quedan guardadas en la memoria.
Por eso, el regreso de la Selección a los entrenamientos tenía algo de resaca. No de cansancio, ni de relajación. Sino de calma, de esas que llegan después de las grandes tormentas.
A las 12.02, cuando el sol castigaba con más de 30 grados sobre el Compass Minerals National Performance Center, Messi apareció en el campo principal. De zapatillas, con ropa de entrenamiento, cabeza levantada y pasos bien cortitos. Sin apuros, como si el mundo no estuviera hablando de él o como si las portadas de los diarios, los programas de televisión y las redes sociales no hubieran quedado inundadas por sus tres goles frente a Argelia.
A su lado caminaban Cristian Romero, Rodrigo De Paul, Lautaro Martínez y Thiago Almada. La misma sociedad que había comenzado a escribir una nueva historia apenas unas horas antes.
Los cinco avanzaron lentamente hasta uno de los sectores del predio en el que Lionel Scaloni trabajaba con los futbolistas que no tuvieron acción en el debut.
Messi se sentó y sus compañeros lo siguieron. Nada más. Hubo risas, ronda de mates, charlas, una mirada atenta a lo que hacían sus compañeros. Fue una sesión de relax.
Después de la función, el artista descansaba; tal vez pensando en la próxima o tal vez simplemente disfrutando.
Messi mostró un semblante sereno, sonrió varias veces, habló y escuchó. Así pareció dejar atrás la imagen de las lágrimas que sorprendieron a todos durante el partido frente a Argelia.
También las palabras pronunciadas después, cuando reconoció haber atravesado "días difíciles" y agradeció el apoyo de toda la delegación. En el regreso a los entrenamientos tras el debut triunfal, la tormenta emocional parecía haber quedado atrás. Al menos por un rato.
En la cancha de al lado, mientras tanto, la actividad era otra. Los arqueros trabajaban bajo un sol furioso. Pelotas que iban y venían. Había saltos, gritos e indicaciones porque el Mundial no se detiene, mucho menos para los campeones.
La escena transmitía tranquilidad, y acaso eso sea una buena noticia para Scaloni. Porque después de una noche perfecta, de esas que suelen invitar a la euforia, la Selección volvió a mostrar uno de los rasgos que la llevaron a ser campeona del mundo. La normalidad.
No hubo festejos exagerados, ni desahogos. Tampoco licencias especiales. Hubo mates, sonrisas y una práctica más, como si nada extraordinario hubiera sucedido.
Aunque en realidad sí había sucedido. Porque mientras Messi compartía una ronda con De Paul, Lautaro, Almada y “Cuti”, miles de kilómetros más al sur las tapas de los diarios seguían hablando de él.
En Kansas City, una ciudad acostumbrada a los Chiefs y al béisbol, todavía seguían comentando el triplete. En Argentina, los videos de sus goles se repetían una y otra vez, y en el resto del mundo, el nombre del “10” volvía a ocupar el centro de la escena.
Pero en acá, lejos de los flashes y las cámaras, Messi pareció disfrutar de otra cosa. De la calma, de esa paz que a veces llega después de las grandes noches.
Quizás por eso caminó con esa tranquilidad que solamente tienen quienes ya no necesitan demostrar nada, esos que entienden que los récords son apenas una consecuencia y que después de cada función, siempre llega el momento de bajar el telón.
Por unas horas, al menos. Porque Kansas volverá a tener alerta de tornado y porque dentro de algunos días, seguramente, “10” volverá a salir a escena, aunque esta vez en Dallas.
Tal vez allí, el cielo también comience a oscurecerse para que ese tornado llamado Messi vuelva a hacer de las suyas.